Aguatinta

AGUATINTA

Este procedimiento estriba en depositar en la superficie del metal una capa de resina en polvo que, calentada suficientemente, adhiere a la plancha en forma de retícula. El ácido, haciendo presa en los puntos que quedan al descubierto, produce en la estampación una nota oscura, plana y general.

El aguatinta fue usada por primera vez en 1660 por el pintor Le Prince, a quien se atribuye la invención. Goya lo llevó a su apogeo en sus famosas Series, monumentos del grabado que tan extraordinariamente enriquecen el arte español.

Graneado: la plancha de cinc o cobre, limpia y pulida, es colocada durante algunos minutos en la “caja de resma”. Previamente y por medio de un fuelle, se hace volar en su interior la resina en polvo, que al caer en forma de lluvia, la cubre totalmente; después, el calor moderado del hornillo se encarga, al contraer las partículas, de darle la porosidad necesaria para que el ácido actúe con eficacia.

El depósito de resina se puede conseguir, también, sacudiendo sobre la plancha una bolsita de tela fina que la contenga y cuyos efectos, menos regulares, son preferidos por muchos artistas.

Decalque y trazado: la plancha así graneada, recibe el transporte del dibujo por acción de la prensa, por frotación o intercalando una hoja de carbónico en casos especiales.

Preparado un croquis muy sumario, sobre papel transparente, se numeran en él las distintas zonas de acuerdo a una escala de valores practicada con anterioridad, la que es consultada antes de efectuar los baños.

Baños: este punto de la ejecución se ajusta en lineas generales a lo dicho anteriormente al tratar el grabado al aguafuerte. Se reservan las partes que deben ser los blancos con el barniz de tipo rápido y conseguido por inmersión el valor necesario para la primera zona, se retira la plancha, se lava y ya seca, se recubre aquella parte sucediéndose los mordidos parciales hasta conseguir en el ultimo el negro relativo, máximo valor de la tabla. Remordidos: es posible, si los efectos deben ser acrecentados agregar a la composición nuevos valores volviendo a granearla y reiniciando el proceso antedicho hasta conseguir el ajuste deseado.

Correcciones: la piedra pómez, el bruñidor de ágata o de acero, la piedra abrasiva y en casos extremos el raedor, rebajan en mayor o menor grado la grana cuando el valor ha excedido; sin embargo, es preferible no recurrir a estos expedientes en lo posible, pues disminuyen la calidad del grabado, restándole frescura.

Impresión: el tiraje solo requiere la precaución de no dar al rodillo mayor presión de la necesaria, porque, además de aplastar la grana hasta borrarla, el exceso produce estampas faltas de brillo y nitidez.